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Terra
La Coctelera

MAURICIO RODRIGUEZ 04247743182

OMNILIFE Y ANGELISIMA, TRABAJO, REIKI, CRECIMIENTO PERSONAL Y ECONOMICO

1 Octubre 2011

Canalizado por María José Bayard el día 26 de Septiembre de 2011

http://mariajosebayard.com/category/canalizaciones-kryon

Parábola: El Zapatero “La esencia espiritual del cambio”

Hola mis queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.

Hoy he venido a hablarles junto con toda la comitiva que siempre me acompaña acerca de la esencia espiritual del cambio en la nueva era.

Les hablo acerca de los períodos actuales porque es apropiado sacar a la luz estos temas en los procesos que están atravesando. Les ha llevado tiempo lineal poder modificar una impronta celular heredada por sus antepasados… Me refiero a todo un bagaje y equipaje de improntas que los mantuvieron “pasivos” con respecto a “los procesos de cambios en sus vidas”.

El ser humano de la vieja energía sigue creyendo y pensando que los cambios son milagrosos y que esos cambios sólo pueden ser producidos si hacen bien los deberes, se esfuerzan lo suficiente y demuestran a Dios todo el “sacrificio” que ustedes han realizado para poder recién ahí estar preparados para recibir “el cambio” o “el milagro para sus vidas”. Se olvidan de recordar que la parte que ustedes llaman “Dios” son ustedes mismos en el otro lado del velo angelical y que dicha parte es eterna y vive siempre con la familia universal de la cual “todos formamos parte”. Por lo tanto a quien se supone deben mostrar sacrificio y demás cosas es a su otra parte angelical, “su padre angélico”, “ustedes mismos en sus otras dimensiones”…. ¿comprenden hacia dónde quiero ir? …

El ser humano de la vieja energía desconoce e ignora la realidad que sí conoce y “re-conoce” el ser humano de la nueva energía; éste es el ser humano que ha despertado a todo su potencial y sabe que es él quien produce el milagro. Esto viene a contradecir un poco las cosas ya que por miles de años les han enseñado, al menos la mayor parte de la cultura en la tierra se ha basado en eso, de que existe un Dios quien produce los milagros y es ese Dios a quien hay que rendirle cuentas el día del jucio final. A decir verdad ustedes no tienen que pasar cuentas a Dios… ni tampoco existe dicho día. El único día que existe desde que ustedes parten de la tierra hacia ésta dimensión donde somos eternos, es el día del festejo, gloria y adoración porque un miembro de la familia universal se ha fusionado nuevamente con nosotros.

Muchos humanos suponen que Dios los castigará si no hacen bien los deberes, y déjenme decirles que Dios no castiga. Si les hemos dicho durante muchos años que “Dios” son ustedes mismos en ésta otra dimensión angelical donde habitamos todos los ángeles que formamos parte del TODO ¿cómo podría castigarlos ese Dios?, ¿acaso ese Dios podría tener sentimientos humanos?… Mis queridos, Dios no castiga y tampoco juzga las cosas. Ustedes están en una experiencia de libre albedrío y pueden elegir lo que deseen co-crear para sus vidas. En todo caso si ustedes eligen co-crear día a día el rencor, la bronca y el dolor es eso lo que ustedes estarán atrayendo para sus historias… y si ustedes se responsabilizan por sus propias vidas y deciden co-crear en favor del amor, la paz y la unión es eso lo que estarán atrayendo para sus historias…

Entonces les decimos que el poder de “cambio” y “transformación” tienen que tomarlo de ustedes mismos, y son ustedes los responsables de generar sus propios milagros. Nadie desde el exterior se los generará por ustedes…

Muchas veces ustedes llaman “suerte” a lo que en muchos casos se trata de un gran trabajo y esfuerzo de “co-creación” por parte de algún humano. Esto podría hacerlos pensar que Dios premia a algunos sí y a otros no… ¿cómo podría Dios premiar a algunos sí y a otro no siendo que Dios no posee sentimientos humanos y siendo que Dios no posee dualidad, es eterno y solo irradia sentimientos de bien aún para aquellos que en su encarnación deciden trabajar ignorando completamente la luz?…

Quienes co-crean los premios, milagros y cosas positivas en la vida “son ustedes mismos”. Ustedes son los responsables de sus propias vidas y depende de ustedes, y el deseo que los impulse, la reacción que les brindarán las cosas.

Comprender que son ustedes “los diseñadores de su propio destino” les abre una nueva perspectiva como humanidad, en donde se da apertura a la posibilidad de una sociedad más consciente de su poder de libre albedrío y en donde pueda extinguirse en ustedes esa conciencia de “humano victimizado” ante la existencia del drama de la vida y comience a renacer en ustedes una nueva raza de humanos que colaboran activamente en el proceso de ascención y de cambio en ésta nueva humanidad.

Lo cierto es que la “esencia espiritual del cambio” se resume en “accionar” y en “ser miembros activos de su sociedad”. El cambio comienza por ustedes mismos, por su propio bagaje y equipaje de cosas… Para purificar el ADN del planeta deben empezar por ustedes mismos… Entiendo que muchas veces es más cómodo quedarse sentados mirando a los demás, observando sus vidas y pensando cuáles cosas desearían que cambie en el prójimo… ¿no les parece ésta actitud un poco cómoda y demandante?, ¿por qué no empezar por ustedes mismos y recién ahí estar preparados para educar con el ejemplo?…

Mis queridos hoy he llagado hasta acá para hablarles del nuevo proceso de “cambio” y evolución que se plantea en el nuevo humano. Se trata de la esencia del cambio y trasformación que vive en el espíritu de cada trabajador de la luz en ésta nueva era…

Voy a compartir con ustedes ahora una parábola que he nombrado: “El Zapatero” y que he preparado para explicarles la esencia espiritual del cambio en ésta nueva era.

En la historia hablaré de un personaje llamado “Hombre” queriendo resumir en esa expresión al género femenino y masculino fusionados en un solo perfil. En otras canalizaciones que le he brindado a mi compañera María José también he usado a éste personaje – “Hombre” – para narrar otras historias en diferentes contextos. En éste caso utilizaré el mismo personaje para enmarcar éste hermoso relato.

EL ZAPATERO…

Había una vez una gran ciudad…

En esa urbe se vivía un caos, propio de ser un núcleo urbano muy importante. Era un lugar lleno de habitantes y de gente que vivía el día a día una vorágine que parecía no terminar nunca… Cada habitante de ese lugar vivía un sueño y una búsqueda de poder llegar a ser alguien en la vida…

A unos kilómetros de la gran ciudad se comentaba que existía un pueblo alejado que tenía la fama de ser “raro”, “extraño”, “desconocido”, según se conocía por una vieja leyenda que narraba la masa popular. Lo cierto era que nadie conocía realmente aquel pueblo lejano, simplemente vivía en ellos la leyenda y el espíritu de esa fábula…

Un día un nuevo habitante de la gran ciudad se preguntó acerca de aquel pueblo. En la jerga ordinaria se creía que se trataba solo de una fantasía, que era parte del inconsciente colectivo. Lo cierto era que nadie sabía a ciencia cierta cuándo había comenzado ésta leyenda, nadie conocía sobre su veracidad, ni sabía en qué época había comenzado a narrarse…

Un buen día éste habitante de la gran ciudad llamado “Hombre” comienza a sentir la ansiedad de conocer más acerca de esa historia. Desde muy pequeño “Hombre” había crecido acompañado de la leyenda de aquella historia… Sus padres le habían contado acerca de un pueblo que estaba alejado de la gran ciudad en el cual habían muy pocos habitantes y en donde vivía un famoso “Zapatero” que hacía zapatos que hacían cambiar la vida de las personas.

Sonaba bastante ilógico, superficial y fabuloso como para ser verdad… pero ésta historia formaba parte de la gran leyenda colectiva. Todos los habitantes de la ciudad conocían acerca de ésta historia, había sido narrada de generación en generación sin conocer en qué momento de la historia había iniciado…

“Hombre” había crecido escuchando sobre aquella leyenda y fábula popular.

Un buen día amaneció con el deseo de conocer la verdad de esa maravillosa historia que tanto resonaba en cada espíritu que se radicaba en la gran ciudad.

“Hombre” le preguntó a sus padres si ellos habían ido alguna vez a conocer ese famoso pueblo alejado…; ellos respondieron que nunca habían ido y que tampoco tenían el mínimo deseo de hacerlo ya que estaban convencidos que se trataba solo de una mentira para engañar a la masa popular… “¡cómo podía existir un zapatero que fabricara zapatos que hacían cambiar la vida de las personas!”, sonaba bastante absurdo para sus conciencias.

“Hombre” comenzaba a preguntarse por qué nunca a nadie se le había ocurrido ir hasta ese lugar a visitar a ese supuesto zapatero y comprobar la veracidad de la mágica historia…

La gran ciudad tenía millones de habitantes. “Hombre” le preguntó a sus padres si ellos conocían a alguien que alguna vez haya experimentado la vivencia de ir y conocer ese famoso pueblo. Sus padres le dijeron que “no” y no le dieron mucha atención a las cuestiones que “Hombre” inquería.

Conforme pasaban los años de “Hombre” y él iba creciendo, sus dudas e inquietudes acrecentaron aún más y más.

Un buen día “Hombre” terminó sus estudios superiores y comenzó su búsqueda para encontrar un buen trabajo. “Hombre” salió al mundo y comenzó a buscar el trabajo que siempre había soñado. Fue en búsqueda de ese deseo e inició su campaña para encontrar aquello que tanto ansiaba.

Un día “Hombre” encuentra un trabajo, sin ser éste el que verdaderamente deseaba para su vida pero por algo tenía que empezar… En ese trabajo “Hombre” conoció a una mujer que conocía a alguien que había ido hacia ese pueblo alejado de la ciudad que tanto se comentaba en la leyenda y fábula de la sociedad. “Hombre” despertó nuevamente el interés que siempre había tenido por aquella leyenda y deseó conocer más acerca de ese pueblo, conocer más de su historia…

Interesado en conocer más acerca de la historia, “Hombre” le preguntó a ésta joven mujer acerca de ésta fábula popular… La joven mujer le cuenta a “Hombre” que un amigo de ella conocía una persona que se había atrevido a ir hasta el famoso pueblo donde supuestamente habitaba éste zapatero que cambiaba la vida de las personas con los zapatos que fabricaba.

“Hombre” entusiasmado le preguntó a la joven dónde podía encontrar a aquella persona que osadamente se había animado a ir en búsqueda de aquel pueblo lejano…

La joven le contó que aquella persona nunca más había regresado… Con una gran tristeza, “Hombre” se desilucionó completamente acerca de aquella experiencia y pensó que quizá podía haber algo malo en la experiencia de visitar aquel pueblo lejano.

Conforme pasaron los años “Hombre” fue creciendo más y fue llegando a su edad adulta. “Hombre”, se encontró un día muy frustrado y desilucionado con la vida. Era a la edad de 42 años y aun no había encontrado el lugar en el que tanto deseaba trabajar… tampoco había conocido el verdadero amor, habiendo sufrido en sus experiencias sentimentales varias descepciones, engaños y frustración. “Hombre” se encontraba solo, amargado y desilusionado por la vida que llevaba. Su bagaje de problemas habían acrecentado con el paso de los años y ahora se encontraba sin rumbo alguno, como una brújula sin sentido, sin saber qué hacer o para dónde ir…

“Hombre” se encontraba desanimado… se encontraba sumando un sentimiento más en el curriculum de su vida… Estaba con nostalgia y desgano por los años que habían pasado y se hallaba con menos energía que antes para buscar una verdadera solución…

Un día, “Hombre”, enfrenta el dolor más grande de su vida: “Hombre” pierde a sus padres. A una edad adulta, sus padres, parten de la dimensión terrenal y “Hombre” enfrenta uno de los vacíos más grandes en su alma y espíritu.

“Hombre” cae en una profunda depresión de la cual siente que no puede salir… se siente solo, abandonado, amargado y desilucionado con la vida…

Una noche “Hombre” despierta de un sueño y recuerda nuevamente aquella vieja historia del lejano pueblo con aquel zapatero que fabricaba unos zapatos que hacían cambiar la vida de las personas. Éste relato formaba parte de una leyenda colectiva, ya que nadie sabía a ciencia cierta si era real como lo narraba la gente en la gran ciudad…

La única persona que “Hombre” había sentido nombrar que se había atrevido a ir hacia aquel lejando pueblo no había regresado jamás, por lo tanto, nadie podía asegurar si ese pueblo y aquella fábula existía en realidad…

La vida de “Hombre” se volvió tan dura y difícil que ya más nada tenía por perder… O se resignaba a perder y la vida, las situaciones y todo el bagaje de emociones le habrían ganado… o se lanzaba hacia el abismo de algo que no sabía a ciencia cierta de qué podía tratarse…, pero tenía que encontrarle un nuevo rumbo a su vida…

Un buen día pensó: “¿Qué tengo por perder?”… Luego de emitida la respuesta “Hombre” decide tomar el rumbo hacia el camino que lo conduciría hacia el supuesto pueblo lejano donde vivía el famoso zapatero que hacía zapatos que hacían cambiar la vida de las personas.

Con un aire de temor y angustia por dejar atrás todas sus cosas, su casa, sus recuerdos, sus amigos y todo lo que mediadamente había construido, “Hombre” tomó para el viaje lo que sería necesario y un buen día partió en búsqueda de ese misterioso lugar. “Hombre” aprendió la ruta, emprendió el viaje y conforme se fue alejando de la gran ciudad comenzó a percibir que el camino se volvía más desolado, misterioso y fantasma…

“Hombre” siguió su curso por el camino de tierra que le indicaba el mapa. La ruta comenzó a hacerse más angosta… y mientras seguía avanzando, millones de cosas pasaban por su mente…, era como volver a recapitular su propia historia, cada capítulo y momento de su vida… era como mirar la película completa.

“Hombre” iba pensando y reflexionando acerca de lo que estaba haciendo: “¿acaso había encloquecido?… ¿ir hacia un lugar del cual no conocía más que una simple leyenda; un lugar que solo formaba parte de la fabulación del inconsciente colectivo de la gran ciudad y un lugar donde la única persona que había sentido nombrar que había ido había desaparecido y nunca más regresó a la gran ciudad?”.

Comenzó a invadirle un gran temor… una gran angustia. En un momento “Hombre” no aguantó más y rompió en llanto. Un gran temor invadió todo su ser y “Hombre” se vio de pronto paralizado entre tantas emociones encontradas.

“Hombre” se detuvo a llorar, parecía un bebé que había perdido a su mamá, no tenía consuelo y no paraba de llorar… En ese momento, y luego de lamentar todo lo ocurrido hasta ese momento de su vida, de llorar y llorar la angustia que le había causado la muerte de sus padres, “Hombre” escuchó una voz en su conciencia que lo alentaba a continuar el viaje…

Se encontraba en el medio del camino y según decía la leyenda el pueblo lejano se encontraba a 200 Km. hacia el oeste de la gran ciudad. “Hombre” se hallaba a medio camino y podía decidir tranquilamente regresar a la ciudad en ese mismo momento. De todas formas no la estaba pasando nada bien porque no sabía con qué podía encontrarse, y si regresaba a la gran ciudad volvería aún más desilusionado por no haber podido llegar y comprobar la veracidad de la historia.

Al salir en búsqueda del pueblo lejano, “Hombre”, se había despojado de todas sus cosas donándolas a un centro de salud cercano que requerían de los objetos, muebles y ropa que él tenía para regalar.

“Hombre” tomó coraje, escuchó esa voz en su conciencia que le decía que debía continuar. Solo le quedaban 100 Km. de viaje y debía apurarse para que la noche no cayera de repente y se encontrara en medio del camino en completa oscuridad.

“Hombre” continuó su viaje; a paso firme y decidido siguió por el camino. Habían muy pocas marcas de pisadas anteriores a él en el camino de tierra; eso le delataba dos cosas; por un lado le decía que alguien había hecho alguna vez ese mismo camino, es decir, que no era el único osado que se había animado a ir en búsqueda de ese destino: “el pueblo lejano de la leyenda de la gran ciudad y el zapatero que fabricaba unos zapatos que hacían cambiar a las personas”.

En segundo lugar el camino con pocas marcas de pisadas también le delataba a “Hombre” que eran pocas las personas que decidían caminar hacia ese lugar… lo cual lo hacía ser un privilegiado y formar parte de una minoría que se había atrevido a transitar el camino hacia lo que, hasta ese momento, era desconocido.

Ya iba cayendo la noche y “Hombre” comenzó a asustarse… “¿Qué pasaría si nada existía al llegar al supuesto destino que marcaba el mapa como el pueblo lejano que formaba parte de la fábula de la gran ciudad?”. “¿Dónde dormiría?”. “¿Y si algo malo lo esperaba de aquel lugar?, ¿y si el famoso zapatero no era más que un monstruo que se apropiaba de las personas y las esclavizaba para tener con qué alimentarse?…” Muchas conjeturas y temores emergieron nuevamente de la conciencia de “Hombre”. Ahora solo le quedaban unos pocos kilómetros y debía apurarse porque de otra manera, con la oscuridad de la noche, no vería el camino y ruta que lo conducía hacia el supuesto pueblo.

En un momento, mientras seguía avanzando, y restando sólo unos pocos kilómetros en el camino, “Hombre” comenzó a percibir por sobre los árboles a unos metros más adelante, un resplandor de luz como de una gran ciudad. Inmediatamente pensó: “¡he regresado a la gran ciudad!, ¡he tomado el camino equivocado y toda ésta ruta ha bordeado la ciudad y he regresado al mismo lugar!”.

Había un gran resplandor que se veía a lo lejos, como el mismo resplandor que se veía a lo lejos de su gran ciudad, en la cual siempre había nacido. “Hombre” no entendía nada…. “¡el camino hacia el supuesto pueblo lejano donde vivía el zapatero que hacía zapatos que hacían cambiar la vida de las personas parecía ser una mentira y aquel camino conducía nuevamente a la gran ciudad!”. “Hombre” pensó que lo habían engañado… “¡tantos años de su vida escuchando esa historia en la leyenda popular para darse cuenta ahora que era toda una mentira, un engaño que la misma sociedad había impulsado para hacer caer a las personas y probar a ver quiénes se atrevían a ir por el camino e intentar buscar aquel pueblo lejano!”…

Había algo raro en toda ésta historia y solo le faltaba averiguar…

De todas formas algo hizo que “Hombre” siguiera caminando por la ruta.

La noche cayó muy rápido, pero por suerte “Hombre” pudo guiarse en el camino gracias a la luz que se reflejaba en esos últimos metros antes de llegar a ese misterioso lugar. “Hombre” se encontraba apenas a unos metros y había un bosque con enormes árboles que le impedían ver el corazón de la ciudad; solo vislumbraba el resplandor de luz.

“Hombre” se introdujo por medio de los árboles. Eran solo unos metros que lo separaban del corazón de la ciudad.

Al borde e inicio de aquel lugar pudo vislumbrar que se trataba de “una gran ciudad nueva”, diferente, y no de un pueblo como narraba la leyenda… “¡Era hermosa!”… “Hombre” estaba estupefacto. Había mucha luz, un gran resplandor que “Hombre” veía desde una colina, ya que la ciudad se encontraba en medio de un cálido valle que lucía maravilloso.

Comenzó a descender por la colina hacia la ciudad y comenzó a observar cada detalle, cada persona que caminaba por allí. Las familias…, “¡parecía otro mundo muy diferente a la ciudad de la cual él provenía y en la cual él había pasado gran parte de su vida!”. Inmediatamente “Hombre” pensó que podía estar soñando pero había algo a nivel interior que le decía que “no, ¡era real!”, era lo más real que jamás había experimentado.

“Hombre” veía que las familias caminaban por las calles alegres de vivir, todos parecían tener dibujada una gran sonrisa… estaban todos felices, los niños jugaban, las mujeres lucían una energía muy pura y radiante, los hombres se veían muy fuertes y decididos, ambos géneros se veían fusionados siendo un perfecto complemento de almas…

En un momento “Hombre” se percató de un detalle… miró los pies de las personas y “¡tenían zapatos que brillaban!”, parecían lustrados con un producto especial que los hacía brillar. De los zapatos salía como un halo de luz tan inmenso e infinito que era difícil de explicar para “Hombre”. “¿Dónde habían comprado esos zapatos o dónde habían conseguido esa crema o pomada mágica que los hacía brillar tanto?”; “¿qué empresa los fabricaba?”. “¿Por qué todos llevan los mismos zapatos brillantes y hermosos…?, ¿sería como un código especial que tenía aquella enorme y luminosa ciudad?”. “¿Cómo es que todos poseían el mismo brillo y resplandor dorado en sus zapatos?, ¿qué tenían de especial?”… Todos éstos eran los interrogantes de “Hombre” en ese momento.

Conforme pasó el impacto que había tenido al ver a la gente caminar tan diferente a lo que eran las personas en su ciudad natal, “Hombre” recordó la leyenda y fábula del lugar: “allí vivía el famoso zapatero que hacía unos zapatos que hacían cambiar la vida de las personas”. “¿Quién era ese zapatero?”. “¿Acaso todas éstas personas lucían tan bien y contentas porque usaban esos zapatos hechos por el famoso zapatero?…”. “Hombre” despertó aún más el deseo por conocer a aquel zapatero; quería averiguar más acerca de esa mágica experiencia… pensaba “¡cuán fácil sería!, compraría los zapatos y ¡listo! su vida habría cambiado para siempre…”

Las demás personas miraban a “Hombre” en la calle y observaban sus pies, los zapatos que él llevaba puestos y le hacían como un gesto de mirada cómplice. “Hombre” no entendía nada… “¿por qué lo miraban así?, ¿acaso les causaba gracia mirar sus zapatos tan viejos y desgastados en comparación a los de ellos que eran nuevos y brillantes?…” Algunas personas parecían mirarlo como con una especie de “compasión”. “Hombre” siguió caminando por la ciudad hasta que encontró un Hotel que decía en su entrada: “Alojamiento para los Viajeros recién llegados…”. ¡Qué alegría! Parecía que “Hombre” tendría ahora dónde pasar la noche, eso lo alegró mucho y sobre todo le quitó de encima el temor de no saber dónde dormir…

“Hombre” entró por la puerta y en la recepción había un señor que lucía muy gentil y ameno. “Hombre” sintió curiosidad de ver si éste señor también llevaba consigo esos zapatos tan brillantes y le surgió el impulso de acercarse hacia el mostrador de recepción para mirar si los llevaba puestos… Efectivamente el señor tenía los mismos zapatos. “Hombre” le preguntó: “¿por qué todos llevan en ésta ciudad los mismos zapatos tan brillantes y bien lustrados que hasta parecen de ciencia ficción?…”

El señor recepcionista lo miró con ojos juguetones, como una especie de complicidad y le dijo: “¿acaso usted no conoce la leyenda?”. “Hombre” se quedó pensativo, y ¡claro! era la leyenda que él había escuchado desde niño en su ciudad y la que lo había motivado a ir en búsqueda del conocimiento de aquel lugar… era la historia de aquel famoso zapatero la que lo había motivado a ir hasta ese destino. Al fin y al cabo la leyenda decía que ese zapatero hacía unos zapatos que hacían cambiar la vida de las personas, y hasta ese momento lo que él había podido vislumbrar en esa nueva ciudad era que todos en las calles llevaban puestos esos bellos zapatos y caminaban con un aire de alegría, de felicidad…

“Hombre” contestó al señor recepcionista: “si señor, conozco acerca de la leyenda, es eso lo que me trajo hasta aquí… tuve deseos de conocer la verdad de aquella historia y por eso llegué hasta éste lugar”. El recepcionista le dio las bienvenidas y lo acomodó gentilmente en una habitación del hotel para que “Hombre” pudiera pasar la noche.

A “Hombre” le llamaba la atención que el hotel parecía tener muy poco movimiento y sintió el impulso de preguntarle al señor: “¿acaso no hay más huéspedes en el lugar por ésta noche?. El señor recepcionista le contestó: “no, ésta noche sólo es usted nuestro huésped de honor”.

“Hombre” se sintió importante, contenido y valorado en ese amoroso lugar. Había una calidez en el aire, un juego de luces perfectas que conjugaban para que todo se vea acogedor, cálido y para que se sintiera en el propio “hogar”.

El lugar tenía una energía de hogar muy hermosa, era como si el aire llevara impreso un sentimiento de paz y tranquilidad. “Hombre” sentía que su cuerpo se desplazaba con gran facilidad, era como volar en medio de los espacios, como si su cuerpo estaba más liviano y el aire fluía según fluían sus deseos.

“Hombre” sintió que ese lugar era mágico, muchas cosas pasaron por su mente, en milésimas de segundos pasaron miles de imágenes por su conciencia… recordó la gran ciudad, la pérdida de sus padres, todo lo que le había sucedido en esos últimos tiempos y el impulso que lo había conducido hasta ese tierno lugar. “Hombre” se encontró de pronto pensando que si todas esas cosas no le hubiesen ocurrido en su vida nunca hubiese conocido aquel hermoso lugar y hubiese vivido toda su experiencia terrenal conociendo una única realidad anclado en su área de confort y en “la gran ciudad”, y jamás se hubiese desplazado hacia un lugar diferente.

Un sentimiento de cansancio, agotamiento y depresión habían sido lo suficiente para impulsar a que “Hombre” tomara la decisión de partir de esa gran ciudad e ir en búsqueda de la verdad de aquella leyenda que lo había acompañado durante todos sus años de vida.

Habían ciertas cosas que parecían revelarse poco a poco en su conciencia; era como si el cambio de realidad, de aire y de ciudad le habrían ayudado a ver las cosas de una mejor manera.

Todas éstas cosas pasaban por la conciencia de “Hombre” mientras caminaba junto al señor recepcionista hacia su acogedora habitación, lugar donde pasaría la extensa noche.

Una vez que llegaron hasta la habitación el señor recepcionista le abrió la puerta y le enseñó las instalaciones del lugar para que “Hombre” supiera cómo manejarse. “¡La habitación era magnífica!” No habían palabras en su vocabulario humano que describieran la energía de ese lugar… “¡era un sueño!”, realmente no habían palabras…

El señor recepcionista le explicó que allí no usaban llaves en las puertas, por lo tanto, no le entregaría ningún acceso para la habitación. Cuando quisiese salir, él solamente saldría del lugar y nadie tocaría nada de sus cosas, así que podría estar seguro y tranquilo ya que en ese lugar no existían los robos, violencia o desequilibrios como si existían en la gran ciudad de la cual él provenía.

El señor recepcionista lucía como un experto en el trato con los aparentes turistas que recibían de la ciudad. Era como si éste se adelantara a los pensamientos de “Hombre” y le contestara las preguntas antes de ser formuladas…

“Hombre” se quedó tranquilo, confió en lo que aquel señor le había mencionado y el recepcionista se despidió comentándole que él estaría en el lugar de la recepción durante toda la noche si por casualidad llegara a necesitar algo. Le deseó un feliz descanso y regreso al “hogar”… Ésta última palabra le resonó en todo su cuerpo, era como si algo en él se hubiera activado, era como si su cuerpo y todo su sistema hubiera respondido a dicha palabra: “hogar”.

El señor recepcionista cerró la puerta y dejó a “Hombre” para que se aclimatara en el lugar… para que fuera descubriendo por sí solo todo ese sistema y ese nuevo despertar de realidad que acontecía ahora para su vida.

“Hombre” tomó un baño, era un cálida ducha que vibraba al unísono con la bella energía que se expandía en ese lugar. El agua parecía diferente, perfecta… más fluida, liviana, natural… era como el agua de la montaña que una vez había sentido en la cordillera de los andes en unas vacaciones con sus padres…

“Hombre” terminó de ducharse y se acostó en la cama. Ésta parecía rellena de aire, era tan suave y fluida que llamaba profundamente su atención. “¿De qué estaría hecha?”. “Hombre” comenzó a pensar que debería tomar nota sobre todas las preguntas que venían a su mente porque eran muchas cosas nuevas para él, desconocidas hasta ese momento, y que deseaba poder descubrir.

Allí se encontraba “Hombre”, recostado en ese lugar…, había sido un largo viaje… Pensó que al otro día por la mañana se encontraría preparado para averiguar y conocer al famoso zapatero.

Esa noche reflexionó sobre su propia vida como nunca antes lo había hecho. Fue como ver su vida en una pantalla cinematográfica en la cual le iban mostrando todos sus pasajes de existencia… sus momentos felices… sus momentos más tristes… “Hombre” lloró tanto esa noche que ya no le quedaban más lágrimas por derramar… lloró como nunca antes lo había hecho… lamentó no haber hecho muchas cosas que deseó poder hacer, lloró la pérdida de sus padres, lloró por extrañar el amor de una pareja… se sintió solo y olvidado… no había consuelo para todas las emociones que se precipitaban en el cuerpo mental, físico, emocional y espiritual de “Hombre”. Era un torbellino de emociones que emergían de todo su ser, como si estuvieran explotando todas aquellas cosas que fue guardando y archivando en algún lugar de su ser… Todos estos recuerdos hicieron que “Hombre” se diera cuenta que deseaba un cambio para su existencia y que deseaba poder vivir como lo hacían aquellas personas en esa ciudad… ¡todos se veían caminar muy felices de su existencia en éste planeta tierra!.

¡Qué atrás había quedado ahora la gran ciudad! ¡y qué cerca vivenciaba ahora la leyenda que lo había acompañado toda su historia!. Estaba confirmando con sus cinco sentidos que esa leyenda y fábula popular era más real de lo que se contaba en la gran ciudad. “¿Cómo es que nadie contaba que la leyenda también incluía a ese gentil señor recepcionista que lo recibió en la entrada del hotel, o la gente que caminaba por las calles con los bellos zapatos y sonrientes de caminar por la vida con una energía de positivismo y energía de luz?…”. La leyenda había dejado de ser leyenda para su mente subconsciente y ahora comenzaba a formar parte de su propia realidad.

Al terminar de recapitular todas las escenas de su historia, su vida… se miró al espejo y percibió que algo había cambiado en él. Su semblante ya no era el de antes, ahora lucía como una persona más segura, irradiaba más firmeza y seguridad en su mirada y estaba saliendo de él un nuevo ser. Sintió que luego de llorar y vaciar todas sus penas, algo se había disipado… Antes revivía constantemente una sensación amarga de estar encarcelado en el nudo de sus emociones y ahora se sentía más libre, vacío, liviano… estaba más entero… Reflexionó acerca de eso y se dio cuenta que acumular tanto sufrimiento no lo hizo ser más fuerte y audaz sino que lo había paralizado y encarcelado durante toda su vida. Se dio cuenta que haber soltado ese tsunami de emociones era lo que lo había vuelto ahora más fuerte y seguro que antes.

“¡Cuántos años habían pasado sin mirarse como lo hizo ese maravilloso día!”. “¡Cuánto tiempo había vivido sin detenerse a reflexionar, a observar cada detalle y profundizar en su infinita inmensidad: su propio SER!”. Se preguntaba cómo había podido sobrevivir tan nublado y escondido de la realidad que ahora se le revelaba por primera vez en su historia. Surgían de él muchas preguntas que poco a poco se iba auto-contestando.

Ese lugar, esa ciudad, estaba pasando a formar parte de un fabuloso “despertar” para “Hombre”. Todo el camino que lo había transportado hasta ahí, el lugar, la gente, la energía, lo habían conducido a “despertar” a una nueva realidad que antes ignoraba completamente.

“Hombre” se acostó esa noche y durmió plácidamente. Soñó cosas bonitas y despertó a la mañana siguiente con muchas ansias de conocer a aquel famoso zapatero que hacía zapatos que hacían cambiar la vida de las personas. Esa mañana amaneció transformado en un ser completamente diferente al que era antes. Se miró al espejo y continuaba asombrado de tanto cambio. Era una nueva persona.

“Hombre” comenzó a prepararse para salir, ahora estaba listo para conocer al famoso zapatero. “Hombre” pensó que si todos los habitantes de esa ciudad llevaban puestos consigo esos zapatos tan nuevos y brillantes era porque todos habían comprado sus zapatos a ese famoso zapatero o “¿tendrían un par nuevo de zapatos para estrenar cada día?, ¿sería que en ese pueblo estaba la fabrica más grande del mundo y tenían zapatos de sobra?, ¿o eran una especie de zapatos perennes que no se oxidaban o percudían con el pasar del tiempo y el uso continuo?”.

“Hombre” salió de la habitación de aquel hotel y cerró la puerta. Recordó lo que el señor recepcionista le había mencionado la noche anterior: “allí no usaban llaves como sí lo hacían en los hoteles de su ciudad donde podían robarle o asaltarle en medio de la noche”. Por lo que “Hombre” podía vislumbrar, en esa ciudad no había violencia, robos y todo parecía diferente…

“Hombre” salió de la habitación del lugar, y descubrió un nuevo detalle del cual no había sido partícipe la noche de su llegada: “en la puerta de la habitación estaba escrito su nombre”. Al ver esto, hubo algo que se activó en él, una vibración que estremeció a cada una de sus células. “Hombre” caminó por el pasillo hasta la recepción donde seguramente se encontraría con otro recepcionista distinto al que lo recibió la noche anterior. Su pensamiento lógico y lineal le hacía suponer que harían cambios de turnos como lo hacían en todos los hoteles de su ciudad. Para su sorpresa cuando llegó a la recepción se encontró con el mismo recepcionista de la noche anterior, el que lo había recibido muy amablemente y quien lo había guiado y mostrado las instalaciones del lugar. “Hombre” le preguntó: “la puerta de mi habitación lleva mi nombre ¿lo pusieron mientras dormía anoche?…”. Su pregunta era obvia, “¿en qué momento habrían tallado en madera su nombre, si él había llegado la noche anterior?, ¿tendrían una fábrica de madera que haría los nombres de quienes se hospedaban en el hotel en el mismo momento del registro en la recepción?”, si fuera así “¡qué presupuesto destinaban a ese detalle!”.

El señor recepcionista le contestó que su nombre estaba grabado allí mucho tiempo antes de que él llegara hasta ese lugar y que lo había estado esperando con ansias hacía mucho tiempo.

“Hombre” no entendía nada, “¿cómo podían saber ellos que él se dirigía hasta ese destino desde la gran ciudad?…” o peor aún “¿cómo podrían haberse adelantado al futuro sabiendo que él tomaría ese rumbo, ya que según decía el señor recepcionista ese nombre había estado esperando por su llegada?, ¿se habrían adelantado en el tiempo y habrían preparado todo ese escenario para él?, si fuera así ¿qué tenía él de especial para hacerlo?, ¿por qué lo habrían hecho?…”

Eran muchas incógnitas que no tenían sentido en ese momento para “Hombre”. No se detuvo a preguntar demasiado ya que el instinto de buscar a aquel zapatero era más importante y más fuerte en ese momento, ya habría tiempo más tarde para conocer acerca de su nombre grabado en la puerta de la habitación del lugar.

La ansiedad de “Hombre” fue más fuerte y no tardó en decir: “yo he llegado hasta acá, desde la gran ciudad, porque he escuchado desde que tengo uso de conciencia acerca del famoso zapatero que vive aquí, es por eso que he venido hasta éste lugar, además de otras cosas que me han impulsado, pero quiero conocer a aquel zapatero”… “Hombre” continuó preguntando: “¿dónde puedo encontrar al famoso zapatero?, ¿sería tan amable de darme la dirección del lugar?”.

El señor recepcionista lo escuchaba atentamente, lo miraba a los ojos y parecía no percatarse de lo que “Hombre” le estaba preguntando. El señor recepcionista parecía no entender la pregunta. “Hombre” se dio cuenta, con la devolución gestual del señor, que había algo que el recepcionista no estaba entendiendo de la pregunta, entonces prosiguió a aclararle: “la leyenda en la gran ciudad de donde vengo dice que acá vive un zapatero que fabrica zapatos que hacen cambiar la vida de las personas y yo he venido hasta éste lugar a conocer a ese zapatero para poder comprar unos zapatos y cambiar mi vida”.

Con tono un poco más elevado que antes y un tanto caprichoso prosiguió diciéndole: “toda mi vida he querido venir hasta éste lugar para asegurarme de la verdad de la historia y comprobar si era correcto. Ahora que me encuentro aquí y veo a todas las personas caminar por las calles confirmo dicha historia, ya que todos poseen esos zapatos con brillo, hermosos, que parecen muy nuevos… por eso señor recepcionista le pido que me indique a dónde puedo conocer a ese zapatero, necesito verlo urgente, quisiera comprarme los mismos zapatos que tiene toda la gente que vi caminar por la calle el día en que arribé a ésta ciudad… ¡todos se muestran felices de vivir, se ven muy contentos con sus zapatos nuevos…!”

El señor recepcionista lo miró amorosamente y con mucho amor en sus palabras le dijo: “en ésta ciudad no vive ningún zapatero que haga zapatos que puedan cambiar la vida de las personas, ni tampoco las personas que usted vio caminar por la calle han comprado sus zapatos en algún lugar en especial, y tampoco son dichos zapatos los que los hace ser felices…”.

Una desilusión muy grande se expandió por todo el sistema holográfico de “Hombre”… el señor recepcionista pudo sentir dicha decepción pero continuó con su discurso: “no son los zapatos nuevos los que los hace ser felices, sino la experiencia de haber transitado una vida armoniosa, feliz… Es la experiencia de haber equilibrado y purificado sus almas y espíritus durante el camino de sus propias vidas, es esa experiencia la que ha generado en ellos unos zapatos nuevos y brillantes como los que ve usted relucir en sus andares…”

“Conozco la leyenda de la que usted me habla porque a diario recibimos viajeros que llegan a éste lugar con esa misma leyenda, pero déjeme decirle que no es el zapatero de éste lugar el que cambia a las personas, ni tampoco existe dicho zapatero, sino que son las personas las que deciden cambiar sus propios zapatos en el camino que realizan hasta llegar acá, porque es en ese camino en donde deben animarse a ir en búsqueda de lo desconocido, es en ese camino en donde ellos mismos deciden dejar atrás a los viejos zapatos, lustrarlos y transformarlos en nuevos”…

“No se si usted se ha dado cuenta y ha mirado sus pies…, pero usted tiene ahora los zapatos nuevos, brillantes y puros como los míos…”

“Hombre” asombrado por la respuesta del señor recepcionista miró hacia abajo, hacia sus pies, y se dio cuenta de que él ahora tenía los mismos zapatos nuevos y resplandecientes. Sus ojos se llenaron de lágrimas, “¡era toda una revelación para él!, ahora lo comprendía todo…”

El señor recepcionista continuó diciéndole: “no existe en ésta vida un zapatero que haga zapatos que hagan cambiar la vida de las personas… es usted el propio zapatero de su vida, de sus zapatos. Es usted quien puede hacer que sus zapatos estén más puros, limpios y brillantes o es usted quien puede permitir que esos zapatos sigan percudidos, viejos y llenos de tristes pisadas…”

“Es usted el zapatero de su propio destino, es usted quien elige el zapato con el que desea transitar el camino… y déjeme decirle que si usted ha llegado hasta éste lugar y ha transitado todo el camino desde la gran ciudad hasta acá, es porque se ha animado a descubrir una nueva realidad. Usted ha venido en búsqueda de ese famoso zapatero que hace zapatos que hacen cambiar la vida de las personas, usted ha llegado hasta acá persiguiendo la famosa leyenda del zapatero del pueblo, pero se ha encontrado con que éste lugar no es un pueblo sino una gran ciudad donde viven personas con bellos y nuevos zapatos pero que han sido construidos por ellos mismos…”

“Quiero decirle que es usted el zapatero que fabrica sus propios zapatos… Es usted el zapatero que hace zapatos que hacen cambiar su propia vida, es usted quien elige cada pisada en éste mundo, es usted quien elige cada camino, es usted quien elige los zapatos con los que desea caminar y es usted quien puede cambiar los zapatos en el viaje si los que ya tiene no son de su agrado, su confort o su estabilidad… Es usted quien ha decidido dejar atrás su ciudad, donde seguramente se sentía triste y amargado y se ha aventurado a limpiar los viejos zapatos durante el viaje que ha realizado hasta acá. Es usted quien ha limpiado las pisadas que le han causado una profunda tristeza en su vida y que habían quedado arraigas en los viejos zapatos, y producto de ello, habían hecho que se vean viejos y amargados… Por suerte ahora usted se ha podido transformar, en el viaje de la gran ciudad hasta acá, en ese zapatero que hace zapatos que cambia la vida de las personas, porque el viaje lo ha transformado a usted en una nueva persona y porque el viaje lo ha hecho ser ese “zapatero”; por lo tanto se dará cuenta que aquella leyenda es parcialmente real pero que no existe ese zapatero en éste pueblo sino que existe en el interior de cada ser humano que se aventura a llegar hasta acá y transmutar muchas cosas en el viaje. No hay un solo zapatero sino que hay miles, y son todas las personas que usted ve caminar por las calles en ésta hermosa ciudad con sus zapatos nuevos. Esas personas han decidido “emprender el viaje hacia lo desconocido”, han decidido un día “realizar el viaje” desde la gran ciudad hasta acá. Han recorrido un largo camino como el que ha recorrido usted, han recorrido el camino desde la incomodidad de sus viejos y amargados zapatos, para comenzar a caminar ahora, desde sus nuevos y relucientes zapatos; todas esas personas han cambiado su realidad, han ido en búsqueda de lo desconocido y han limpiado y purificado los viejos zapatos para convertirse cada uno en “El Zapatero” de su propio camino”.

Y así es.

Kryon

Canalizado por María José Bayard
http://mariajosebayard.com

Mensajes y enseñanzas de la historia

Hola mis queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.

Y aquí estamos queridos míos… muy contentos de estar aquí y de poder hablar y expandir sus conciencias con ésta mágica parábola: El zapatero:“La esencia espiritual del cambio”.

Muchos se estarán preguntando muchas cosas acerca de la parábola, y quiero decirles que se queden tranquilos, que si se encuentran en éste mismo momento en la experiencia del mismo viaje que realizó “Hombre” en la historia irán decodificando cosas en la medida que avancen en sus caminos.

Hay muchos mensajes y enseñanzas que queremos transmitir acerca de la historia y es por eso que hemos decidido abrir una nueva canalización para que, a través de mi socia y compañera María José, pueda comunicar todos los mensajes que relataré a continuación.

Éste mensaje ha llegado en un momento sumamente apropiado para ti querido lector. Voy a compartir contigo todas las enseñanzas y aprendizajes que hoy queremos comunicar acerca de la historia. Se volverán a brindar más conocimiento más adelante conforme mi compañera María José avance con su trabajo aquí en la tierra.

Les pregunto, ¿cuántos de ustedes han buscado en la vida a ese famoso zapatero?, ¿cuántos de ustedes, engañados por la leyenda de lo su ADN ancestral les ha dicho, han buscado a ese famoso zapatero que podía solucionar sus problemas, cambiarles la vida con un toque mágico?… Mis queridos esto es una metáfora de lo que muchos de ustedes buscan en esta nueva era. Conociendo ahora la parábola… ¿qué quieres buscar?, ¿el famoso zapatero que puede solucionar tu vida mágicamente o quieres ser tú “el zapatero de tus propios zapatos, acomodar las pisadas y programar el camino por el que deseas transitar?… Tú eres el responsable de tu propia vida, tu eres el responsable de tu propio destino… ¿Cuántas personas hay ahora, en la nueva era, cruzando desde la gran ciudad hasta un supuesto pueblo que forma parte de una leyenda para lograr encontrar la solución mágica a sus problemas?, y ¿cuántos de ustedes se han sorprendido en ese camino de búsqueda y se han dado cuenta que es el “viaje” el que los ha cambiado?. ¿Cuántos de ustedes se han dado cuenta de muchas cosas en el viaje y han recapacitado y reformulado temas de sus propias vidas, cosas que quizá nunca se habrían preguntando estando “pasivos”, sin accionar, y sin lanzarse a la búsqueda de nuevos horizontes, de nuevas respuestas, de nuevos desafíos…?

Mis queridos déjenme decirles que hay muchas personas que al igual que “Hombre” en la parábola, se han animado a buscar, a salirse de lo que les han dicho y experimentar el “viaje” por sí mismos… dejenme contarles que es en ese viaje individual donde surjen las verdaderas “recapitulaciones” que no son más que “reprogramaciones” que ustedes hacen en su merkaba. Allí es donde cambian el registro de su ADN interdimensional; esto los lleva a expandirse hacia una nueva perspectiva, los hace cambiar su realidad y expandir sus conciencias…

“Un viaje sin expansión de la conciencia no es un verdadero viaje hacia la esencia espiritual del cambio”. Es difícil que ustedes modifiquen cosas en sus improntas si antes no han pasado por el discernimiento y el despertar del amor que genera que la oscuridad se desvanezca y desaparezca para siempre de sus vidas.

Son ustedes los propios zapateros de su historia, ustedes deciden la plataforma sobre la que quieren caminar… (un metáfora del registro que llevamos en el ADN interdimensional, con el cual andamos para toda la vida), ¿desean tener zapatos viejos y percudidos (las viejas cargas en el ADN), o desean pararse sobre zapatos nuevos y coloridos? (¿sobre un ADN purificado, trasmutado en amor?)…

Ustedes deciden en ésta nueva era y como le dijo el recepcionista a “Hombre” en el dialogo final en la historia: “no existe el zapatero mágico que hace zapatos que hacen cambiar la vida de las personas, son ustedes los responsables de la plataforma sobre la que caminan y si no están de acuerdo y conformes con los zapatos con los que han andado siempre, ahora los pueden cambiar, pueden elegir tener unos nuevos…”.

No existe el zapatero que resuelve los problemas de la gente, existe gente que resuelve sus propios problemas, personas que toman la iniciativa de querer cambiar y van en búsqueda de aquella solución, en un viaje en donde deben ser responsables y partes activas de la búsqueda. Claro que hay quienes les facilitan herramientas, terapias o formas de ayudar… pero en definitiva ustedes son los que eligen…es su propio libre albedrío…

En la historia, ¿quién piensan que era el facilitador y catalizador del “cambio” que “Hombre” quería dar?…

El recepcionista de la historia representa en un solo perfil a todos los “trabajadores de la luz” que sirven de facilitadores y activadores de la llama de luz en otras personas.

La palabra “recepcionista” esconde en sí otro significado que está implícito en la historia, y que es importante tener en cuenta en el contexto de la parábola porque alude a la metáfora de “cambio” que colabora catalizándolo en sus vidas humanas.

Un recepcionista es que una persona que se encuentra en algún lugar y está encargada de “recibir” a alguien o a algo más…; está siempre en actitud de “recibir”, por lo tanto, ésta impronta siempre vive activa en esa persona. ¿Quiénes piensan que son los recepcionistas de ésta nueva era?, ¿acaso son los humanos que viven en la luz y que siempre están activos con su impronta para abrir su faro y servir de guía para los demás que acuden a él en búsqueda de ayuda y de una solución?… Déjenme decirles que un recepcionista está preparado para recibir a alguien, de hecho su trabajo se basa en ello, pero si espera a alguien es porque tiene algo que “dar” y quien acude a él es una persona que precisa recibir algo que necesita; y me dirán “¿Kryon, acaso en la historia el personaje del recepcionista representa a los guías y faros de luz que trabajan en ésta nueva era?…”. La respuesta es “si” mis queridos y además fíjense en el siguiente detalle. El recepcionista de la historia siempre estuvo en ese lugar esperando a que llegaran nuevos “buscadores”, nuevos “potenciales” de humanos que irían en búsqueda de la verdad y el despertar hacia una nueva realidad. El recepcionista sabía muy bien de su rol en el cambio de las personas. Conocía muy bien que su deber era catalizar “la búsqueda” y el deseo de cambio de la persona, respetando los procesos y ofreciendo su servicio para cuando su “huésped de honor” lo requiriese.

La historia está llena de mensajes que se han presentado en forma de metáfora. Quizá hoy puedas ver el significado de algunas cosas…, quizá con el tiempo vuelvas a releer ésta historia y encuentres nuevos significados ¿y sabes por qué sucede esto?… “Porque tú serás un nuevo lector para éste mismo relato… porque el tiempo habrá pasado para tu realidad lineal y seguramente muchos cambios habrán sucedido para tu vida, entonces tu visión

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SOY: MAESTRO REIKI, SANADOR PRANICO, REFLEXOLOGO, SGC, COACH INTUITIVO EMPRESARIO OMNILIFE.

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