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La Coctelera

MAURICIO RODRIGUEZ Telf:(58) 0424 7614503

EN MI ENCUENTRO, TE ENCUENTRO Y ASI SE QUE SOMOS UNO.

Categoría: Apegos

26 Marzo 2008

Cortando lazos que atan

MAURICIO RODRIGUEZ SEPULVEDA 0424 7614503 CARACAS / VENEZUELA

http://www.isabelsalama.com/Apegos%20como%20resolverlos.htm

Por: Phyllis Cristal*

El siguiente ejercicio es para deshacer los apegos. Debe ser repetido con regularidad cada día, hasta asegurar que el mensaje penetre tanto en tu mente subconsciente, como en la del otro ser, de quien deseas liberarte.

Cierra los ojos, después de haberte sentado con comodidad en una

silla o en el suelo, imagina que estás trazando a tu alrededor un círculo de Luz dorada en el piso, con un radio correspondiente al largo de tu brazo con los dedos extendidos. Visualiza que estás sentado en el centro de ese círculo. Luego visualiza otro círculo similar que se une ligeramente al tuyo, formando la figura de un ocho. Entonces, visualiza dentro del círculo frente a ti, a la persona a la que estás apegada. Asegúrate de que cada uno quede situado en el centro mismo de su propio círculo, y no se salga de él.

En seguida visualiza una luz azul, que recorre los bordes de la figura del ocho, comenzando a fluir por el punto donde ambos círculos se unen, y avanza en el sentido de las agujas del reloj. Primero rodea el círculo en el que está tu compañero/a frente a ti, y continúa por el lado izquierdo de tu propio círculo, hasta volver al punto inicial. Mentalmente di a tu compañero/a frente a ti que un ritual, que los liberará a ambos, está por llevarse a cabo.

Ahora observa si puedes visualizar los lazos que te unen a la otra persona, mira que partes del cuerpo están unidas por esas cuerdas. Puede haber solo un lazo, o muchos. Una vez que los has localizado observa su color y textura. Lo que ves es simbólico de la relación, por lo tanto muy revelador. Busca un instrumento apropiado para cortar esos lazos. Puede ser un cuchillo, tijeras, un bisturí, o lo que desees.

El primer corte lo haces en la mitad de la ligadura. Y a continuación procedes a eliminar cada extremo que une con la parte del cuerpo, primero de la otra persona y luego del tuyo. Luego lleva tu mano derecha (si eres diestro)al sitio del corte, poniendo la otra mano encima, para crear un campo de fuerza. Visualiza como tu compañero hace lo mismo. Entonces ves como desde niveles superiores surge un rayo de luz sanador. Primero baña en Luz las manos de ambos y luego penetra hacia las heridas dejadas por el corte.

Al completar el mismo procedimiento con cada uno de los lazos existentes, amontonamos los segmentos de lazos que quedaron en el centro de la figura del ocho. Primero los quemamos y luego enterramos sus cenizas. Seguidamente agradecemos a nuestro compañero/a de ejercicio su presencia en nuestra vida. Pedimos perdón por el dolor que le hayamos causado, consciente o inconscientemente. (Deja que surjan a la mente las cosas específicas por las que deseas ser perdonada, y pides perdón por cada una de ellas). Luego se perdona al compañero/a escogido por cualquier dolor o injusticia que nos haya ocasionado consciente o inconscientemente, (enuméralas). Vuelve a visualizar la Luz radiante viniendo desde niveles superiores, que esta vez forma un triángulo de Luz, que penetra en las cabezas de ambas personas. Das gracias a tu compañero por su receptividad, y finalmente le solicitas que abandone la escena, y siga adelante viviendo su propia vida.

Para completar la liberación y eliminar todo patrón de hábitos, se hace un ritual de limpieza. Visualizamos un río, o un pozo, o una cascada. Te desnudas en la orilla y penetras en el agua, donde limpias todos los restos de la vieja piel que aún quedan adheridos. Cuando sientes que lo has logrado, sales a la otra orilla. Un ser superior de Luz te alcanza una túnica blanca. Das las gracias por la ayuda del Altísimo. Y ahora, libre de resentimientos y remordimientos, te alejas hacia un nuevo horizonte. Tomas tres respiraciones profundas y vuelves a tu estado de conciencia de la vida cotidiana.

Ejercicio extraído del libro "Cortando los Lazos que Atan" de Phyllis Krystal

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26 Marzo 2008

¿Que impide nuestra felicidad?

MAURICIO RODRIGUEZ SEPULVEDA 316 754-50-60 MEDELLIN - COLOMBIA

Autor: Padre Anthony de Mello S.J.

¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad?
No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer.
¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes? Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees?
Pues, simplemente porque tu mente no deja de producir infelicidad.
Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha
pertenecido.
¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad?
Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad
desaparecerá automáticamente.
Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz.
Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo.
El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado.
El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia.
He ahí la imagen perfecta de la persona apegada.
Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz.
¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el "Reino de Dios"? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!
Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto.
Dirás: "Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?". Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad.
Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y
hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda.
Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.
En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos.

Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades.
Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado
emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.
Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a
su disfrute?
Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo.
Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.

A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.

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22 Marzo 2008

Los Celos ¿Amor o sentimiento de posesión?

MAURICIO RODRIGUEZ SEPULVEDA 0424 7614503 CARACAS / VENEZUELA



TOMADO DE: http://www.tnrelaciones.com/loscelos/index.html

Los celos, ("el vicio de la posesión", como Jacques Cardonne los denominaba) han sido, desde hace siglos, argumento recurrente y fértil de la literatura aunque constituyan también el germen de demasiados sucesos desgraciados y muy reales. Pero, ¿qué son los celos?.

Podríamos definirlos como un estado emotivo ansioso que padece una persona y que se caracteriza por el miedo ante la posibilidad de perder lo que se posee-tiene, o se considera que se tiene-posee, o se debiera tener-poseer (amor, poder, imagen profesional o social...).

Sufrir celos de forma moderada es una respuesta emocional normal pero, sentirlos de manera exagerada y descontrolada lo convierten en algo patológico. Esto es señal de que a nivel psicológico hay algo que no va bien. Pero, ¿sabemos por qué sentimos celos?, ¿qué podemos hacer para superarlos?.


1. ¿Qué son los celos?
2. ¿Por qué somos celosos?
3. Cómo controlar los celos

ORIGEN Y USO DE LOS CELOS EN LA RELACIÓN DE PAREJA

La cuestión de los celos constituye una problemática profunda que se remite a la historia de la especie humana, cumpliendo así funciones específicas relacionadas con la supervivencia. Involucra a hombres y mujeres, a pesar de lo cual existen especificidades en la vivencia y expresión de este afecto, expresión del temor de que la persona amada se aleje con otro sujeto. Si bien la existencia de los celos es universal y se basa sobre situaciones reales o fantaseadas, es posible considerar ciertas pautas para intentar manejarlos en pro de la construcción de relaciones de pareja adecuadas.

En su definición más básica, los celos constituyen aquello opuesto a la noción de confianza. Su presencia en las relaciones de pareja es innegable, ya sea al comienzo, en el curso o al final. Normal para algunos, enferma para otros, este tipo de emoción tiene orígenes específicos así como consecuencias para la interacción de las personas.

Mirando el fenómeno desde la Psicología Evolutiva, podría decirse que los celos tienen una función particular y universal en la historia de la especie humana dado que permiten la construcción de relaciones monogámicas y fieles. Así, los celos son emociones que funcionan como un mecanismo de defensa por medio del cual las personas garantizan la permanencia de su pareja y protegen la relación de actuales o potenciales intromisiones.

La percepción, sensación o fantasía de que tal amenaza existe lleva a que la persona tome acciones encaminadas a eliminarla o disminuirla. Las medidas generadas a partir de los celos varían en un amplio rango que va desde ejercer vigilancia sobre la pareja buscando signos probables de que el otro ha establecido una relación paralela, hasta las demostraciones crudas de violencia. La rabia, tristeza y humillación, sensaciones también relacionadas con los celos, motivan un comportamiento que típicamente busca el alejamiento del tercero o la prevención de que la pareja abandone la actual relación.

Estudios han puesto en evidencia que aunque la naturaleza de los celos es la misma para ambos sexos, es posible distinguir ciertos elementos. Los hombres suelen verse más afectados ante la idea de que su pareja tenga relaciones sexuales con otro ("infidelidad sexual"), mientras que las mujeres sufren más cuando se trata de cuestiones que tocan lo que podría denominarse "infidelidad emocional". Lo anterior hace referencia a una situación en la cual la persona dedica tiempo, atención y recursos a otra que no es su pareja sin que necesariamente exista una relación sexual de por medio.

Cuando una mujer percibe que la atención de su pareja se ha desviado hacia otra persona pone en marcha un conjunto de tácticas para atrapar de nuevo sus sentidos: vuelve a usar su perfume favorito, cambia de peinado, etc.

Hombres y mujeres manifiestan la emoción de los celos de diferentes formas, por ejemplo los actos violentos por medio de los cuales el hombre siente que sus derechos deben quedar claros, mientras que la mujer busca llamar la atención de su pareja usando tácticas que le permitan verse y sentirse más atractiva.

Se han observado también diferencias relacionadas con la principal función que cumplen los celos y el sexo. Desde la perspectiva masculina se trata de garantizar la paternidad de los hijos, diferente a las mujeres, las cuales tratan de asegurar los recursos y el compromiso de su pareja con ella y sus descendientes. Los sentimientos que las mujeres experimentan al ser testigo o tener fuertes evidencias acerca de la infidelidad del ser querido se asocian principalmente con tristeza y una idea de abandono. Los hombres, de otro lado, tienden a experimentar en un mayor porcentaje rabia y furia. A pesar de lo anterior se ha encontrado que la humillación es una sensación compartida por ambos sexos.

A continuación identificaremos los elementos que intervienen en la constitución de los celos dentro del desarrollo de un ser humano. Lo anterior podría ubicarse en la relación del bebé con su cuidador. El pequeño depende en gran medida de las atenciones que recibe del otro, dado su alto estado de indefención. La madre es en la mayoría de las veces aquella figura central, fuente de cariño y seguridad. Además de proveer cuestiones relacionadas con la alimentación y el aseo, entre otras cosas, la mamá constituye la base a partir de la cual el chiquito se descubre en conjunto con el mundo que lo rodea. Esta relación dual deja de ser exclusiva en la medida en que la madre introduce la existencia efectiva de un tercero, el cual puede ser encarnado por el padre o persona similar, o por una ocupación o actividad que ponga una distancia entre ella y el bebé.

En este momento el niño percibirá que hay otra cosa más allá de él para la madre, lo cual puede en un momento particular ocupar toda su atención. Lo anterior implica ya una relación triangular más evolucionada que la primera dual, lo cual no quiere decir que el niño quede abandonado a su suerte. Se trata más bien de que para la madre el mundo es más que el niño. A partir de entonces los celos del bebé tendrían la finalidad, jamás lograda como en el comienzo, de recuperar el objeto de amor perdido (en este caso la madre) y excluir al rival (padre, trabajo, hobby, etc.). De ahí en adelante ese tercero, estará presente así sea en las fantasías inconscientes (o conscientes) y en los sueños que nunca se recuerdan.

No obstante, existe un punto a partir del cual su presencia se convierte en fuente de problemas y conflictos en las relaciones cotidianas. Se trata de una situación en la cual no se han generado estrategias claras y funcionales ante el vacío asociado al alejamiento de la madre. Lo anterior se proyectaría sobre las interacciones actuales, siendo la figura materna sustituida por la pareja amorosa, mientras que el rival puede ser cualquiera. La existencia perturbadora del tercero real o virtual, se convierte en el centro de los pensamientos del que cela, siendo la infidelidad de la pareja su principal preocupación.

La persona que sufre con lo anterior tiene un claro perfil psicológico asociado que incluye elementos tales como baja autoestima e inseguridad, necesidades altas de estimación y aprobación externas, demanda de ser amado incondicional y exclusivamente, es egoísta y desconfía con frecuencia. Controlar los aspectos físico y emocional de la pareja se convierte en su obsesión, de tal forma que comienza a comunicar mensajes dirigidos a restringir cuestiones como el atuendo que usa el otro, el tipo de personas con el que interactúa (llamadas, reuniones, etc.) y toda actividad que implique para el sujeto que cela una probable situación que fomente la infidelidad.

Ahora bien, para evitar que la pareja alimente sus ideas no reales de infidelidad, es conveniente expresar de manera clara y decidida el cariño y amor que los une, dando así seguridad acerca del vínculo actual. Lo anterior puede darse sin tener que exponer explicaciones para cada uno de los movimientos y actividades que se hacen a diario. También es importante aclarar cualquier situación que pueda resultar ambigua y que por esto mismo sirva para alimentar la sensación de celos.

Aunque muchos de los problemas que se presentan en la pareja pueden relacionarse con los celos, no todo puede explicarse a partir de ellos. Los celos pueden ser considerados como una manifestación de algo que no anda bien entre las dos personas, algo que puede ser mucho más profundo ya que cada uno en la relación cumple un papel fundamental en la situación presente. Esto ha de considerarse en cada caso por separado.

Adicionalmente es conveniente que se articulen las ideas de confianza y amor en la pareja: querer es muchas veces creer en el otro. Por otro lado, es importante que el sujeto celoso reflexione acerca de su afecto, tratando de entender que el hecho de que su pareja tenga amistades y desee compartir tiempo y espacios con éstas no implica necesariamente que haya dejado de amarlo. Un punto adicional importante es la comunicación de las sensaciones de malestar relacionadas con las escenas de celos a la persona que las propicia. Lo anterior con el fin de que el sujeto se haga consciente acerca del efecto de su comportamiento en la pareja y el probable abismo que puede abrirse si persiste en su conducta.

En la medida en que considere que la pareja es un ser humano y no una propiedad se podrá dialogar y establecer estrategias para resolver la actual situación. Así mismo se podrá sentir que la presión y la fuerza no sirven de nada al final. El libre albedrío del otro será siempre el mejor aliado y no el miedo ante las reacciones violentas.

¿LOS CELOS SON NECESARIOS EN LA RELACIÓN DE PAREJA?

La vida en pareja está llena de alegrías, pero muchas veces también de malos momentos y complicaciones. Querer, amar y compartir la vida con una persona puede ser maravilloso. Y parece que mientras más perfecta es la relación, más miedo hay a perderla. Ya desde pequeños comenzamos a exigir el amor exclusivo de los padres.

Los celos están considerados como una emoción. Así existe el odio o el amor, los celos, en el marco de una relación de pareja, en su defecto pueden causar la desconfianza del prójimo y en su exceso, la ruptura de la relación afectiva.

La emoción y la ansiedad ante la posible pérdida de nuestra necesaria figura de apego, la que nos brindaría seguridad psicológica, puede ser una reacción natural ante la posible pérdida de nuestra pareja. Lo que determinará que los celos sean patológicos o normales es su intensidad y el hecho de que se deban a una causa justificada o infundada.
Los celos en el matrimonio

En el matrimonio, los celos pueden llegar a ser útiles, porque actúan como un generador de energía en la pareja. Desde este punto de vista, cada uno se llegaría a esforzar para mantener encendida la llama del amor.
De esta forma, pueden tomarse como una reacción de alerta ante un bajón amoroso de cualquier miembro de la pareja. Así, los celos serán saludables y constructivos.

Pero una desconfianza excesiva. La limitación de libertad de la pareja para ser el eje exclusivo de su vida puede hacer que fracase un matrimonio. En toda dificultad de encontrar el término medio, en este caso, las reglas y los límites deben establecerse por ambas partes.

¿Cómo acertar?

En algunas parejas, los celos no tienen cabida alguna en la relación. Mientras, para otras, la falta de este sentimiento puede ser un indicativo de falta de interés. Normalmente en las parejas recién formadas, los celos es un índice para verificar si la otra persona está realmente interesada.
¿Celos o miedo a estar sólo?

La soledad provoca angustia. El miedo de perder a la persona amada se une al pánico que sufre la mayoría de las personas a estar sólo. Darse cuenta que uno no es irremplazable, es duro, pero mucho más en cuanto es mayor el temor a la soledad.
Por este motivo, el perfil psicológico de la persona que siente celos se relaciona con la baja autoestima y la inseguridad. Estas personas, además de tener reacciones emocionales negativas, tienen necesidades de estimación y demanda continua de aprobación.

La persona celosa reclama un sacrificio, desea ser amado incondicionalmente, siendo incapaz de sacrificarse, puesto que suele ser demasiado egoísta y desconfiado. Por estar necesitadas de estima, suelen demandar constante aprobación.

LOS CELOS PATOLÓGICOS

Los celos son trataremos los celos patológicos desde el punto de vista de la terapia racional emotiva (Albert Ellis, 2001). En primer lugar, conviene distinguir entre los celos normales, que cualquier persona puede sentir en un momento dado sin que suponga un problema, y los celos patológicos.

Los celos sanos consisten en una preocupación por la posible pérdida de una persona amada o malestar por la relación real o imaginada que esa persona tiene con alguien más. Quienes sienten este tipo de celos prefieren que sus parejas permanezcan con ellos y no desean que tengan una relación demasiado íntima con nadie más. Esto a veces causa algunos problemas en la pareja pero no son demasiado serios ni producen un malestar intenso a ninguno de los miembros de la pareja.

Por el contrario, los celos patológicos están acompañados de intensos sentimientos de inseguridad, auto-compasión, hostilidad y depresión y suelen ser destructivos para la relación.

La diferencia entre ambos tipos de celos está en que en vez de preferir y desear que su pareja esté sólo con él o ella, las personas con celos patológicos, están exigiendo o demandando que su pareja no debe, bajo ningún concepto, implicarse emocional o sexualmente con otras personas. Al estar utilizando un pensamiento rígido, basado en exigencias absolutistas que no admiten más posibilidad que el cumplimiento de sus deseos, estas personas perciben la posibilidad de una infidelidad como algo terrible (siempre que exijas que algo tiene que ser como tú quieres que sea, en vez de solamente preferirlo, considerarás horrible la mera posibilidad de que no sea así). De este modo, vigilará cada gesto inocente de su pareja hacia otra persona para tratar de prevenir e impedir que llegue a suceder eso que considera tan terrible e insoportable.

En cambio, cuando una persona utiliza un pensamiento flexible, se dice a sí misma cosas como "Deseo mucho que mi pareja esté sólo conmigo, pero es libre de elegir lo que quiere, y si me deja será doloroso y frustrante pero no será algo terrible, ni insoportable ni me matará". La persona que piensa de este modo puede estar preocupada, pero no aterrorizada ante la posibilidad del abandono ni necesitará estar constantemente en guardia por si sucede eso tan temido. En cambio, si está utilizando un pensamiento rígido y dogmático, creerá cosas como: "Mi pareja no puede ni debe dejarme nunca bajo ninguna circunstancia ni tiene derecho a hacerlo porque si lo hace me sentiré fatal y será terrible e insoportable". La persona que piensa de este modo se sentirá muy ansiosa, insegura, deprimida, agresiva y dependiente.

Por ejemplo, quien piensa que su valor personal -u hombría, en el caso de los hombres- depende de que su pareja permanezca con él o ella, está creando una relación de dependencia que lo mantendrá continuamente ansioso pensando en lo horrible y humillante que sería que su pareja lo dejara; mientras que si piensa que su valor como persona no tiene nada que ver con eso (es decir, utiliza un pensamiento más realista) entonces se sentirá más relajado en su relación con su pareja.

Los sentimientos de hostilidad provienen de creencias como: "si mi pareja me deja sufriré mucho; por tanto, no puede dejarme y si lo hace es una persona horrible que merece el castigo". De este modo se ven con derecho a llegar incluso a la violencia. Es decir, quien piensa así considera que sus deseos son órdenes para los demás y antepone sus propios deseos y bienestar al de su pareja: "como a mí me dolería mucho que me dejaras, no eres libre para hacerlo".

Creencias irracionales que dan lugar a celos patológicos

Entre ellas se encuentran las siguientes:

1. La pareja que yo he elegido debe amarme mucho y en todo momento mientras yo quiera que sea así.

2. Es terrible que mi amor no sea correspondido (como tiene que ser) y eso hace que mi vida sea horrible.

3. No puedo soportar que mi pareja no me quiera tanto como yo a ella/él

4. Dado que no he logrado que mi pareja me quiera como tendría que haber hecho soy una persona inadecuada e indigna de amor.

5. Si mi pareja me deja nunca encontraré a nadie a quien amar y seré infeliz toda mi vida porque no puedo ser feliz sin un/a hombre/mujer.

6. Tengo que estar absolutamente seguro/a en todo momento de que mi pareja me ama, ya que necesito su amor para vivir.

7. Si mi pareja me es infiel, los demás se reirán de mí y pensarán que soy un idiota total, y eso no podría soportarlo.

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22 Marzo 2008

APEGOS

MAURICIO RODRIGUEZ SEPULVEDA 0424 7614503 CARACAS / VENEZUELA

TOMADO DE: http://mx.geocities.com/lnyamuni2/apegos.htm

Un pájaro herido no puede volar, pero un pájaro que se apega a una rama de árbol, tampoco.

¡Deja de apegarte al pasado!

Dice el proverbio hindú:

"El agua se purifica fluyendo; el hombre, avanzando." El mundo está lleno de sufrimiento; la raíz del sufrimiento es el apego; la supresión del sufrimiento significa la eliminación, el abandono de los apegos.

Hay un deseo común, que es el cumplimiento de lo que se cree que va a dar felicidad al yo, al ego. Ese deseo es apego, porque ponemos en él la seguridad, la certeza de la felicidad.

Es el miedo el que nos hace desear la felicidad, y ella no se deja agarrar.

Ella es. Esto sólo lo descubrimos observando, bien despiertos, viendo cuándo nos mueven los miedos y cuándo nuestras motivaciones son reales.

Si nos aferramos a los deseos, es señal de que hay apego.

¿Abandonar los apegos significa apartarse del mundo material?

La respuesta es: ¡No!

Uno usa el mundo material, uno goza el mundo material, pero no debe hacer depender su felicidad del mundo material.

¿Está esto suficientemente claro?

Uno comienza a gozar las cosas cuando está desapegado, porque el apego produce ansiedad. Si estás ansioso cuanto te aferras a algo, difícilmente podrás gozarlo.

Por lo tanto, lo que te propongo no es una renuncia al goce: es una renuncia a la posesividad, a la ansiedad, a la tensión, a la depresión frente a la pérdida de algo.

¿De dónde crees que provienen todos los conflictos?

De los apegos.

¿De dónde crees que proviene el sufrimiento?

De los apegos.

¿De dónde crees que proviene la soledad?

De los apegos.

¿De dónde crees que proviene el vacío?

Tú lo sabes: el origen es el mismo.

¿De dónde crees que provienen los temores?

También de los apegos. Sin apego no hay temor. ¿Lo pensaste alguna vez?

Sin apego no hay temor.

Tags: dejalolibre

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